El triunfo de Nacho Vegas

Nacho Vegas en Gijón
Nacho Vegas en Gijón

"Aquello era un sin Dios", dice un músico que estuvo con Nacho Vegas hasta 2006, los cinco primeros años de su carrera en solitario. Se cuentan leyendas en voz baja de un músico descontrolado, pendiente de sus adicciones y al que nadie auguraba un buen futuro. "Nunca se pensaba más allá de la próxima semana", recuerda el mismo músico, que se bajó del carro años antes de que Vegas (Gijón, 1974) llenara hoy y mañana Joy Eslava, convocando una tercera fecha, para el día 29 en el Teatro Circo Price.

"Yo niego la mayor, no es que haya petado ahora, es una evolución", dice su agente, Juan Santaner. "Cuando empecé a trabajar con él, hace siete años, dimos un concierto en El Sol, que ya se llenó. Y la primera decisión fue llevarle a un teatro, el que hoy es Häagen Dazs, porque tenía potencial. Fue jugársela. Decían que estábamos locos, pero metimos 700 personas".

Vegas junto a Cristina Rosenvinge
Vegas junto a Cristina Rosenvinge

Tiempo de las Cerezas

El tiempo de las cerezas, un disco a medias con Bunbury, le dio visibilidad: "Ha sido fundamental en México. Allí es casi más grande que en España, vamos en junio y daremos dos conciertos para 4.000 personas", asegura Santaner.

"Para mí es básico que antes daban morbo sus historias aunque por su lírica y sus metáforas mucha gente se quedaba fuera. Ahora escribe de forma más universal, con cierto sentido del humor sobre el yo, y la gente se identifica más", dice el crítico César Estabiel, buen conocedor de Vegas. Él pone la frontera entre el artista maldito en su segundo disco,Cajas de música difíciles de parar. "Los siguientes, para mí son de transición. Hay melodías en este último que parecen canciones de toda la vida... son menos indies".

El último, La zona sucia, editado por Marxophone, una compañía de nueva creación en la que es socio, entró en el puesto número tres de las listas de ventas y lleva 7.000 copias vendidas, 2.000 de ellas en la versión en vinilo. Y, remata su agente: "Pon la palabra entre comillas, por favor, pero este disco es un clásico".

"No es que haya 'petado' ahora, es una evolución", dice su agente

Para el Price 1.000 entradas vendidas. Si llena, con las dos noches de la sala Joy eslava, será un total de 3.500. Unas 800 más que en 2009, cuando presentó El manifiesto desastre, su último disco con su compañía de toda la vida, Limbo Starr. "El gran salto fue el Palau de la Música de Barcelona, en 2010. Nos llamaron más de un año después de la salida del disco. Dudamos. Pero fue un poco: 'ahora o nunca'. Y llevó a 1.800 personas. Tiene un público fiel".

¿Qué tiene Vegas que crea esa relación con sus fans? "Las canciones a menudo tratan temas muy cercanos, asumibles por cualquiera. El ángel Simón, de su primer disco, cuenta una historia verídica sobre la muerte de su padre con la que es imposible no empatizar. Gracias a canciones de este tipo y a colaboraciones con artistas más conocidos que él, en especial Bunbury, ha ido arañando público tanto del mundo independiente como del entorno cantautor. Para mí la pregunta es por qué ha tardado tanto en arrasar", dice Sebas Alonso, de la web musical Jenesaispop.